VIAJE POR LAS ISLAS MáGICAS DE GALICIA

Hay más de 300 islotes e islas en Galicia. Muchos de ellos no son más que unos pocos peñascos inaccesibles al pie de acantilados, pero otros, los más grandes, han sido poblados desde hace miles de años.

Algunos, como A Illa de Arousa, continúan habitados, pero otros fueron perdiendo la población con el paso del tiempo, lo que fue dando lugar a ruinas, lugares abandonados y rincones que, poco a poco, se cargaron de leyendas. Monstruos marinos, embarcaciones de piedra, serpientes gigantes, maldiciones y fuentes mágicas llenan el paisaje de estos lugares, a menudo poco conocidos.

Pero más allá de los mitos, esos rincones de la costa son hoy un pretexto perfecto para descubrir paisajes espectaculares y, en muchos casos, espacios al margen de las visitas más habituales. Eso es, precisamente, lo que te proponemos: una ruta para descubrir lugares de una belleza sorprendente y hacerlo de la mano de monstruos, personajes mitológicos y amantes de leyenda.

Dejamos para otra ocasión las islas mayores: Ons y su Boca do Inferno, San Simón y su historia cuajada de corsarios y monjes, las Cíes que los fenicios creyeron que eran sus míticas islas Cassiterides, para explorar otras mágicas islas de Galicia: esos islotes y archipiélagos más pequeños que no deberías dejar de visitar si tienes la ocasión.

San Cremenzo do Mar y los trovadores medievales

Comenzamos el recorrido en Marín, en plena ría de Pontevedra, a poco más de media hora de Vigo y aún menos distancia de la capital de la provincia. Y lo hacemos en un pequeño islote.

San Cremenzo, conocida también como la isla de O Santo, está unida a tierra en marea baja por una lengua de arena. Pero cuidado, aquí las mareas suben rápido y en poco más de una hora puedes quedarte aislado de tierra hasta la próxima bajamar. No te animes con la excursión si no lo tienes claro y, sobre todo, no pierdas de vista el reloj para evitarte sustos.

Una vez allí lo que encuentras es un islote con un algunos pinos en la zona alta, las ruinas de una capilla barroca y el recuerdo de una historia de desamor cantada por el trovador Nuno Treez hace 800 años:

San Clemenço do mar

Se mi d’el non vingar

Non dormirei.

Y si no te decides a visitarla o la marea no es la propicia, no te preocupes. Justo enfrente, en la costa, tienes el Chiringuito Praia do Santo. Y verla desde allí, sobre todo a la hora de la puesta de sol, no es un plan nada malo, tampoco.

La sirena de la isla de Sálvora

Si te mueves por la zona de Cambados en tu visita a Galicia, cosa que deberías hacer porque es uno de los pueblos costeros con más encanto, seguramente descubras en algunas de sus casonas un curioso escudo labrado en piedra en el que asoma la cola de una sirena. Es el escudo de la casa de los Mariño y la cola pertenece, según la tradición, a una sirena que vivía en la isla de Sálvora, en la boca de la ría, y que tuvo hijos con un marinero dando origen a esa saga familiar.

Sirenas al margen, Sálvora forma parte hoy del Parque Nacional de las Islas Atlánticas y puede visitarse, reservando antes la visita en la página web del parque. Un buen plan es hacerlo, por ejemplo, desde el puerto de Ribeira para descubrir, al llegar, su aldea abandonada, su faro asomado al océano y la antigua fábrica-pazo.

Y de vuelta al continente, quizás quieras seguir camino hasta el vecino pueblo de Corrubedo y disfrutar de la cocina marinera de la zona en el bonito Bar do Porto, rehabilitado hace unos años por el arquitecto David Chipperfield a orillas de otro parque natural bellísimo, el de las dunas de Corrubedo y las lagunas de Carregal y Vixán. Para descubrirlo en su plenitud, haz un pequeño desvío en el camino del puerto al restaurante para llegar hasta el mirador de la Pedra da Rá y pasmarte con las vistas.

La barca de piedra que llegó del mar

Al norte de Ferrol se encuentran algunas de las playas más bonitas de Galicia. Una de ellas, la de Santa Comba, tiene en su extremo norte un islote que lleva también el nombre de la santa y al que se puede acceder (cuidado una vez más con las mareas, nunca se avisa lo suficiente) en la bajamar por unos escalones labrados en la piedra.

Allí, en lo alto, encontrarás una piedra junto a la capilla. Es la barca en la que, según la leyenda, llegó la santa hasta esta isla. Pero junto a ella encontrarás, también, una perspectiva impresionante de los acantilados de esta costa de aguas de un azul profundo, no siempre bien conocida por quien llega de fuera.

Y, ya que estás en la zona, encontrarás también el pretexto perfecto para acercarte a descubrir Ferrol, una injusta olvidada por parte de muchos viajeros, y su ambiente de tabernas, su arquitectura modernista, su espectacular castillo de San Felipe, con esa calita a sus pies que alguna vez se ha bautizado como el pequeño Dubrovnik gallego. Y fin de fiesta, luego, en O Camiño do Inglés, uno de los grandes restaurantes del norte de Galicia.

La escultura que volvía a las olas: Nosa Señora do Porto

Pocos kilómetros más al norte, en Valdoviño, está la diminuta capilla de Nosa Señora do Porto, encaramada en un farallón rocoso que la marea alta convierte en una isla. La leyenda cuenta que la imagen de la virgen llegó con las olas y que, cada vez que la movían, desaparecía para volver a aparecer, poco después y en aquellas mismas rocas, traída por el mar, hasta el punto de que finalmente decidieron dejarla allí y construirle una capilla en aquel roquedo improbable.

La costa aquí es espectacular, llena de rincones que cuesta olvidar, como la vecina laguna de Valdoviño. Y está al lado de Cedeira, uno de los pueblos con más encanto de las rías altas coruñesas, conocido, además, por su gastronomía. No dejes de probar el marraxo, un tipo de escualo que se prepara a la plancha, en tabernas como el Muiño Kilowatio. Y luego, ya que estás, el rape a la cedeiresa y los percebes de la zona, que no sólo es interesante por sus paisajes, en restaurantes como El Náutico, el Badulaque o A Taberna do Peixe.

Los caballeros templarios de la isla Coelleira

A un paso de Viveiro está la isla Coelleira, en donde estuvo uno de los monasterios más antiguos de Galicia, vinculado a una de esas leyendas medievales de amores dramáticos: un joven enamorado que parte a las cruzadas y que, tras llegar de regreso, años después, justo a tiempo para encontrarse con el funeral inesperado de su amada, ingresa como templario en el monasterio de la isla, sólo para ser, poco después, uno de los 35 monjes degollados, según la tradición, antes de que el monasterio quedase abandonado para siempre.

Hoy no se puede visitar la isla salvo que cuentes con embarcación propia. Aún así, vale la pena asomarse a ella desde el mirador de As Laxes, en los acantilados de la orilla, y regresar luego a Viveiro para disfrutar de Nito, uno de los mejores restaurantes de pescados y mariscos de la costa gallega.

A Maruxaina, la sirena del norte

La tradición explica que, en el puerto de San Cibrao, en los días de temporal, se escuchaban llegando desde los islotes de Os Farallóns, a pocos cientos de metros de la costa, los aullidos de A Maruxaina, la sirena que atraía a los marineros hacia los acantilados en los que tenía su cueva. Otra versión, más amable, explica que en realidad la sirena gritaba para alejarlos de las rocas.

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Sea como sea, A Maruxaina cuenta hoy con una escultura en una de las playas de este encantador pueblo marinero. Y con una fiesta que se celebra el segundo sábado de agosto y que no deberías perderte, porque es de las más animadas de la zona y porque es el motivo perfecto para aprovechar y diseñar a su alrededor una escapada por esa comarca inolvidable que es A Mariña, probar el famoso bonito del vecino puerto de Burela, alojarte, quizás, en una antigua casona como la Finca Goleta, y seguir descubriendo Galicia poco a poco.

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